Un agradecido de las bochas.

Compartimos, por esa ¿casualidad o causalidad? del destino el viaje de vuelta luego de haber cenado en el club Hernando de Magallanes. Nos saludamos y le pregunto si está vacío el asiento que está a su lado. Asiente José Miguel Botto y empezamos la charla que durará los 15 minutos del viaje de vuelta.

Me cuenta que hace 6 años que no viene a la Argentina, que la última vez fue en Iguazú 2012, el mundial de raffa volo que se disputó en nuestro país. Habrá un espacio desliza, post competencia, para pasar por su San Guillermo.

«Vivo en Detroit, juego en el Palazzo di Bocce desde hace más de 10 años». Y apunta que también trabaja allí. La charla va y viene entre ayer y hoy, entre aquí y allá. Le consulto sobre el último Pallino D’Oro y con la humildad de los grandes me dice que no pudo jugar bien ninguno de los dos días, que la preparación quizás no fue la mejor. Pero no pone excusas, cuando no se juega bien, los que forman parte de la elite de las bochas lo suelen reconocer. Botto es uno de ellos.

Lo llevo a Roma 2015, la final perdida ante el suizo Bianchi. Me habla de las condiciones técnicas y de la fortaleza mental y experiencia de quien fue su vencedor. Allí reside y vamos para ese tema, la clave de este juego: la mente. Me cuenta que está trabajando en esta área con entrenadores deportivos. A mi club van entrenadores de otros deportes, y hay cosas que se pueden adaptar a las bochas; me dice. Y seguimos en el juego, en lo importante que será la adaptación a jugar por tiempo y a no desesperarse ya que si algún rival sale con buena ventaja eso va a ser trascendental.

Seguimos en el presente. ¿Cómo venís preparado? «Bien físicamente, entrenado y sin lesiones» responde quien anda en los 39 años, mostrando su juventud experimentada.

Ahora hablamos de su ciudad, de la presencia de la industria automotriz en la misma, del clima y de su gusto por los fierros que descubrió con los años. «Estoy aprendiendo» añade, agregando que le encanta todo lo que rodea a las carreras de autos.

Vamos llegando, nos quedan las últimas cuadras y me saco una duda: ¿es mito o verdad que cuando se jugaba por medalla de oro llegaste a juntar más de un kilo? «Es verdad, eran de 15, 18 gramos y en ese momento las vendí».

Antes me había contado que en su club van a hacer el próximo año un torneo de 12 países, similar al que se hizo en 2018 aunque en esa ocasión fueron 8. Y habrá grandes premios  como en la edición del año pasado.

Llegamos, el micro estaciona. Nos saludamos y recuerdo su frase, la que da título a la nota y la que deslizó en medio de la charla: «soy un agradecido de las bochas».

 

Foto: Gentileza Ariel Peloni (Prensa C.A.B.)




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