Maestro…

Estampa. Presencia. Jerarquía. Y podríamos seguir agregando adjetivos para hablar de las cualidades técnicas y deportivas de Mario Giri, el crack tucumano que jugó más de 100 argentinos representando al «Jardín de la República» y subió a lo más alto del podio en tríos en 1976 y 1984 y en duplas en 2001 y en 2007, sumando 4 títulos en su historial.

Además, se calzó la celeste y blanca en 2001 en el Mundialito de Venancio Ayres junto a Raúl Basualdo, el cordobés Fabricio Bragacini y un jovencito José Miguel Botto.

Definido por Gino Molayoli como el mejor puntero de la historia, hace unos años en Cerrito, Entre Ríos, mientras mirábamos un partido del Sub 23 nos fue entregando sentencias desde lo cotidiano de una charla. “Mirá la cancha, vez que tiene una caída en aquel lado; tenés que jugar la bocha desde aquel lado – señalando – para que suba sola y se mantenga”, una de las que esbozó cuando no le podían agarrar la mano a un sector del piso de conchilla de la cancha de Unión.

Otra. “El partido, el juego, empieza cuando llegás al club. Vos tenés que ver la práctica del rival, tenés que ir conociendo la cancha desde ese momento”. Una más de las que recuerdo: “Fijate que nunca cuando rolan la cancha van a llegar bien contra la baranda; entonces si la jugás por el borde va a ser más pesada que si vas por otro sector de la cancha”.

Todas definiciones vitales  que vienen de alguien que con notable y admirable sencillez transmite su conocimiento a quien se acerque a hablar con él. Simplemente Mario Giri.




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