Rupere, junto a uno de los más ganadores: Jesús Pepicelli.

La fulgurante reaparición del Armando Ferrari.

Por Juan Carlos Licari.

Superada la dolorosa pandemia, dos años de nerviosa espera y frustraciones, la 44 edición reeditó el honroso calificativo del «más grande».
Introducirse en su historia, tiene el sabor inigualable de descubrirlo con una magnitud insuperable, a través de las 43 ediciones, el River Plate bellvillense sigue sumando capítulos que ya forman parte de su portentoso patrimonio histórico.
Debemos considerar que la organización tuvo que superar pormenores de toda índole, principalmente ocasionada por la trágica epidemia, pero los directivos demostrando su semejanza con «el junco», resistiendo incólumenes, consumiendo energías, dedicación y trabajo a destajo, un descomunal esfuerzo que se enmarca en la consideración exitosa vertida por la notable presencia de los aficionados: «uno de los mejores juegos de los último años».
Las zonas 1 y 2 en el»José Donato Ghío» como la 3 y 4 en el «Juan Carrasco » del San Vicente tuvieron enfrentamientos atrapantes, comentarios salientes de los presentes, donde varios serios candidatos de la lujosa grilla quedaron en el camino.
Llegado el domingo, todo encasillado en el estadio riverplatense, desde la 8 hs. inicio de los cuartos, hasta la tarde-noche, el aficionado repletó las instalaciones, rodeada de una gratísima euforia, las semifinales nos mostraban que en la 1 jugaban 2 de los candidatos, ganadores en años anteriores, mientras que en la 2 se presentaban los promisorios jóvenes valores, revelaciones del torneo. El campeonísimo Raul Basualdo vs. el eficiente Pablo Apez, demostraron la primacía que vienen logrando en la temporada, donde el nivel superlativo de Pablo lo condujo a una victoria contundente, 15 a 6 marcaba la placa final.
A su vez, la otra semifinal tuvo al «chaqueño» Freedy Rupere en una sensacional actuación, lo marca el 15 a 2, sobre un indefenso y sorprendido Valerio Lucero.
La finalísima quedará en la retina de una agolpada presencia y miles de televidentes, como una de las más completas táctico y técnicamente jugada vista en años, donde no dejaron ningún resquicio para la crítica, sino que los rendimientos fueron acorde a una final.
Con un desarrollo de mucha paridad, por momentos «el flaco» Apez insinuaba preeminencia, pero la «hoja de ruta» de su destino le tenía reservada al Freedy de «Las Breñas-Chaco», hoy representando a la Sociedad Italiana de Río Tercero, establecer el 15 a 12 y adjudicarse el torneo más relevante en su vida deportiva.

APOSTILLAS RIVERPLATENSES:

No hay dimensión del valor emocional que provocó en los organizadores la presencia de aficionados provenientes de diferentes puntos geográficos de nuestro País y sus consecuentes comentarios elogiosos del torneo y la recepción cordial y amistosa de los bellvillenses.

El acto inaugural, una marca registrada emocionalmente, nos lleva a bucear en su historia, para ver si existió ocasiones en la que el magnetismo de una gloria viviente de las bochas argentinas, como lo es JESUS ANTONIO PEPICELLI, «el Pirulo», ganador en cuatro oportunidades del magno torneo, quién recibió personalmente
a los 16 participantes, momento culminante donde vibró como en sus mejores tiempos este » JOSÉ DONATO GHIO» verdadero templo de las bochas de todos los tiempos.