El difícil rol de acompañar.

Si bien son jugadores que se han lucido también individualmente, uno los tiene presente por haber sido el acompañante ideal para un gran bochador, un “manija”; como el engranaje perfecto para que el equipo funcione de la mejor manera. Hubo y hay muchos, pero hoy posaremos la mirada sobre uno de ellos.

Daniel Mendizábal, “Petaca” como lo tiene el mundo bochófilo (rompo la regla de nombrar a los deportistas por apodos, pero el alias va de la mano). Dejó su Santa Fe a principios de los ’90 y desembarcó en las bochas bonaerenses. Y al tiempo, el que emigró fue Raúl Basualdo. Y formaron una dupla que hizo historia, de esas que quedan grabadas en la memoria, de las que se prenden en el debate entre los binomios de todos los tiempos.

Ese Basualdo tenía la espectacularidad del bochazo, prácticamente no arrimaba o lo hacía de aire… Por eso, ahí se agiganta- a pesar de su estatura diminuta – la figura de “Petaca”. Siempre con la bocha bien ubicada, siempre dejando el juego para que defina el as de espadas. Si fuera fútbol, Daniel era el que gambeteaba y tiraba el centro atrás para que el 9 concrete con su jerarquía. Pero ojo, si le quedaba una para cerrar el juego lo sabía hacer. ¿Y que proponía el rival? Buscaba sacar las bochas de Raúl de movida, y ahí se encontraban con que Mendizábal defendía el juego notablemente.

Los apodaron “Los Pitufos” y con la verde del Cultural de Guernica recorrieron el mapa bochófilo dejando una huella en cada cancha por la que pasaron.

Además, “Petaca” también se calzó la celeste y blanca en el Sudamericano de Arica y en los Odesur 2006 donde mostró su talento.

Volvió hace unos años a las bochas santafesinas y gritó campeón en el argentino de tríos de Oberá de 2008 junto a Lavini, Curbelo y … Basualdo.

Hoy milita en La Plata este joven veterano de mil batallas bochófilas al que todos conocen como “Petaca” Mendizábal.

Una dupla que hizo historia en los ’90.




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