Sello distintivo.

Por Daniel F. Paulon

Los torneos suelen tener su sello distintivo. Y el del Armando Ferrari, la clásica competencia del River de Bell Ville, es – uno de ellos- el acto inaugural. Siempre, desde los orígenes, le han dado vital importancia al arranque del certamen, a la presentación de los deportistas y protagonistas de todas y cada una de las ediciones. Y han conjugado para ese momento la poesía y las bochas de manera simbólica fusionando en esa unión una marca que queda y permanece para siempre: el de la amistad que brindan los anfitriones.

Tuve la suerte de conocer la ciudad de la pelota de fútbol en el año 1996, invitado como copiloto del eterno Arístides Roldán, quien iba ese año a disputar su último Ferrari. Hicieron el campeonato el 1 de junio – habitualmente es en mayo – para que caiga con el cumple número 64 del zurdo. Y en las glosas de Ramoncito González inmortalizaron el momento…

«Hoy Arístides se va

a los índices del tiempo

pero queda con su ejemplo

lo que nadie olvidará

la afición recordará

al zurdito marplatense

que el olvido nunca vence

por campeón inmemorial

obtenido en el sitial

de los pagos bellvillenses».

Así rezaban las rimas en la parte dedicada al homenajeado. Años antes, en los ’80, cuando el mismo protagonista volvió a su tierra consagratoria luego de un incidente que casi le cuesta la vida, fue la maestra y poetisa Edith Calvimonte de Vinuesa  la que le dedicó unas palabras. Buscando en el «Baúl de los Recuerdos», Héctor «Toti» Huais encontró hace unos días el original de puño y letra y su impresión. Un detalle singular, el sello riverplatense.




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