Mientras las miradas se posaban en Formicone, Botto, Pretto y los candidatos naturales a estar en los puestos de vanguardia, él venía silenciosamente volteando rivales y superando etapas.
A fuerza de un juego terriblemente efectivo de bochazo, regular en el arrime y mostrando adaptación a la raffa, su confianza iba creciendo y la vara la iba colocando más arriba.
Llegó el duelo sudamericano en semis, ante el experimentado Gálvez; y fue otro escollo superado. Tenía la plata en la mano, pero no se quiso conformar, fue por el oro. Pero…enfrente estaba un Formicone implacable que no lo dejó acomodar en la final.
En el Perú bochófilo celebraron que Caú o Kaká (así lo llaman) se estaba convirtiendo en el Oswaldo del mundo. Es Palomino, el subcampeón mundial.