Omar en su mejor momento.

“¡Que bestia, por Dios!” exclama Ariel Peloni, colega y amigo, en la excelente transmisión de la Panamericana. La gente asiente. Comenta. Se sorprenda. Confirma y recontra confirma lo que ha visto en estos años. Omar Serrano es uno de esos elegidos. Esos grandes que además de la condiciones técnicas, la nobleza de su naturaleza de deportista; es también un tipo querido y querible.

La rompió hace unos días en la final del nacional de Ceres, dándole la ansiada alegría a la Noroeste. Y las destrozó en el Panamericano, quedándose con el oro en el Combinado y también con el récord continental al marcar 30 puntos. Pulverizó su marca, la que le permitió llegar a las finales; y también la del Guille Montemerlo.

Enfrente tuvo a un dignísimo rival. El brasileño García jugó bien, pero Omar fue una máquina. Pegó y arrimó prácticamente en un porcentaje superior al noventa por ciento. Y el tiro del final, ese que hizo bramar a la baranda bochófila, llegó en la sexta mano. Clavó dos palos fantásticos – valen dos puntos cuando no salen del círculo de 70 centímetros – y fue felicitado por todos.

Levante la copa campeón, grítelo con el alma. Se lo merece.

 




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