Desglosando dos especiales.

Por Juan Carlos Licari.

Llegarse al “José Donato Ghio” del Club A. y  B. River Plate en Bell Ville y a la “boutique” del Defensores de Juventud de Justiniano Posse, con motivo del 17* de parejas “Tito Lambertini” y el 35* individual, respectivamente, es algo latente que se toma como una retórica sensiblera, donde la vocación bochófila se dimensiona con alternativas cambiantes, emociones a raudales, juegos de alto nivel técnico, rodeados de encendidas y prietas presencias de aficionados.

En Bell Ville, aquellos traumas tan comentados sobre la imposibilidad de campeonar de los representantes bellvillenses dejaron de tener vigencia, puesto que arribaron a las “semis” tres conjuntos, de los cuáles dos, jugarían la esperada finalísima, histórico enfrentamiento que tuvo a la pareja local, EMILIANO OVIEDO/CRISTIÁN MORALES/MARIO MARUCCO como ganadora del certamen y poseer por un año “la copa José Donato Ghio”.

A su vez en Justiniano Posse, el sábado 4 y el domingo 5, la grilla de ocho consagrados comenzaban la búsqueda del halago final, con un sorpresivo resultado: Gustavo Fernández, hoy en Matienzo de Monte Buey, establecía un rotundo 15 a 1, sobre el candidato, el “bicampeón” Daniel Vitozzi.

Llegado el domingo a la tarde, las semifinales alcanzaron enfrentamientos de un nivel superlativo, donde Daniel Vitozzi dejaba en el camino al campeonísimo Raúl Basualdo, 15 a 12, y Gustavo Fernández al riocuartense Ramirez por 15 a 6.

Nuevamente reeditarían el enfrentamiento del día anterior, estos dos grandes valores en la actualidad, pero en un decisivo encuentro, colmado totalmente el escenario horas antes del comienzo.

El Daniel jugó “su” partido, predominando desde el vamos, ante un Gustavo, prolijo como siempre, que pudo mantener la paridad promediando el juego, puesto que en las manos finales la regularidad fué vital y determinante para el placar final, 15 a 8, coronándose por tercera vez consecutiva, hecho histórico en los 35* en disputa.

Los dos torneos concluyeron en una auténtica fiesta, plena de algarabía y elogios para jugadores y organizadores, donde el alud humano se esforzaba para estrecharse y felicitar a los dignos protagonistas.




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