Historias que andan dando vueltas. Los que deslumbraron haciendo exhibición con el bochazo.

Buscando en el archivo de MundoBochas, extenso por cierto ya que son 11 años de difundir día a día toda la actividad deportiva, encontramos esta nota de nuestros inicios – que este escriba por cierto, no recordaba – escrita allá por nuestro primer lustro de vida. Y que hoy, ya que el público se renueva como diría la señora de los almuerzos, está bueno volver a compartirla.

Mucho se habla y en cada pueblo hay alguna historia de alguien que le pegó o le pegaba bien a la bocha. Algunas se hicieron más conocidas, otras no lo son tanto. Al momento de recordar, aparecen estas tres historias…

Cabral, de una cancha a la otra.

Néstor Cabral, el bochófilo nacido en Tandil, en la provincia de Buenos Aires fue uno de los jugadores más destacados entre los ’70 y los ’80. Sabido es la cantidad de torneos ganados que tiene este bochófilo que militó en el ámbito de la provincia de Buenos Aires y también jugando para la federación capitalina.

Cuentan que en su Tandil natal, en algunas prácticas, Cabral solía hacer arte de su inagotable talento para el bochazo y tiraba de una cancha a la otra. Sí, en canchas pegadas, le tiraba a una bocha que estaba en la cancha de al lado y hacía pasar la bochadora por arriba del tablero – específicamente ubicado en mitad de cancha – consiguiendo acertar siempre. Una muestra más de sus cualidades.

“Por un Gancia no llegan al fondo”.

Días atrás compartíamos una cena con el “Zurdo” Roldán, dueño de innumerables anécdotas bochófilas y también de una prodigiosa memoria para contar manos, partidos e historias como en este caso. Un primo suyo, allá por los ’60 y con bochas de madera, se cansaba de ganar vermouths. La apuesta era así: ponía un voluntario que se paraba con las piernas entreabiertas en tres cuartos de cancha. Luego le ponía una bocha entre las piernas y una al lado de cada pie, separaba apenas cinco centímetros de los mismos. Y finalmente, apostaba a que además de pegar los tres bochazos, dejaba una chanta y las otras dos no llegaban al fondo. Dice el “Zurdo” que se aburría de ganar ‘gancias’…

Que la moneda no salga del círculo.

Cuenta el gran “Pancho” Mendieta, el ahora técnico, que su padre – otro grande – desde chico demostró su talento en el bochazo. En las fiestas del pueblo, como se conocía y se conoce a los festejos patronales, había un turco que siempre tenía un entretenimiento que consistía en tirarle a una bocha que tenía una moneda encima y además de pegarle, había que lograr que la moneda no salga de un círculo que rodeaba a la bocha. Uno de sus tíos, en uno de los festejos del pueblo, le dijo al abuelo del “Pancho” que su padre tenía condiciones para bochar. Hasta ese momento, nadie podía ganar el premio. Tiró una vez don Mendieta y ganó el premio. Hizo la cola – se anotaban muchos en este desafío – nuevamente y volvió a pegarle sin que la moneda salga del círculo. Cuando había pasado varias veces, el ‘turco’ habló con el abuelo Mendieta y le pidió que saque al joven porque le estaba arruinando el negocio… Años después, “Pancho”, su padre y el ‘turco’ se reencontraron. Y el protagonista contó dicha historia al ahora entrenador cordobés. La historia del talento de su padre para pegarle a la bocha y no hacer que se vaya la moneda…




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